Nueva Rumasa pagarés

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Los pagarés de Nueva Rumasa pasarán a la historia como de los fraudes más importantes realizados a inversores privados no cualificados. Es decir a pequeños ahorradores, no a inversores institucionales o profesionales como Bancos o Fondos de Inversión, que al fin y al cabo son entidades especializadas en la gestión de riesgos por inversión en productos financieros.

La historia de Nueva Rumasa es una historia que se repite, en la última ocasión a través del uso de pagarés. Pero en el siglo pasado, a inicios de la democracia española, el Ministro de Economía Boyer saltó a la fama por la expropiación a Rumasa. Dicha operación estaba justificada porque el grupo no era solvente, a pesar de las trampas y engaños contables que se habían realizado para ocultar dicha circunstancia.

Los pagarés de Nueva Rumasa y Ruiz Mateos

Nueva Rumasa Pagarés

Sin embargo el presidente de Rumasa, José María Ruíz Mateos, cuyos apellidos, añadidos a las siglas SA de Sociedad Anónima, forman el acrónimo del nombre de Rumasa. Libró una larga batalla contra el Ministro de Economía Boyer. Aunque más que batalla podemos decir espectáculo, puesto que Ruíz Mateos se disfrazaba y se paseaba por los juzgados haciéndose ver como una víctima del sistema y del Gobierno presidido por Felipe González.

Historia de Nueva Rumasa

Curiosamente la historia con los pagarés de Nueva Rumasa demostró que lo que por aquél entonces parecía un ataque del gobierno socialista a un empresario hecho así mismo, escondía un entramado societario con graves problemas financieros. Lamentablemente la gran labor teatral orquestada por Ruíz Mateos y sus personas más cercanas tras la expropiación, le permitieron labrarse una figura pública de empresario honrado, que es más que dudosa tras la operación de financiación de Nueva Rumasa y sus pagarés.

Tras la expropiación de la primera Rumasa, Ruíz Mateos, además de actuar ante la prensa y el público general como víctima del sistema, empezó a trabajar en la reconstrucción de su imperio empresarial, el primero había llegado a tener un banco, incorporando poco a poco empresas. Muchas de ellas de gran renombre y prestigio, por ejemplo marcas como Clesa. Lo que le permitió dejar atrás su expropiación de la primera Rumasa, y poder ir ganando la confianza de trabajadores, proveedores, y entidades financieras. Sin embargo la base y la forma de operar de la Nueva Rumasa seguía siendo la misma.

El peligro de Nueva Rumasa

Lo que hacía que fuera un gigante con pies de barros. El grupo empresarial Nueva Rumasa estaba formado por cientos de empresas, algunas eran muy conocidas y realmente aportaban ingresos y generaban beneficios para el grupo. Pero muchas otras eran lo que se conoce como sociedades pantalla, es decir meras sociedades instrumentales que no tenían una actividad real.

Al frente de ellas se ponían administradores de paja, es decir meros títeres que sólo figuraban a efectos registrales y notariales, pero que no ejercían realmente las funciones de administración de la correspondiente sociedad. El uso de este tipo de figuras se debía para enmascarar a sus propietarios reales, y así poder apropiarse de fondos, como por ejemplo los obtenidos con la colocación de los pagarés de Nueva Rumasa.

Estas empresas pantalla, usadas con fines poco éticos y legales, al no estar vinculadas por socios o administradores al resto del grupo, no entraban dentro de contabilidad consolidada de Nueva Rumasa. Por lo que las operaciones con ellas eran contabilizadas como si fueran operaciones con terceros no vinculados. Por lo que era difícil tener una imagen fiel de la verdadera situación económica y financiera del grupo Nueva Rumasa. Lo cual fue aprovechado para la captación de fondos a través de la emisión de pagarés.

Pagarés emitidos de Nueva Rumasa

La emisión de pagarés de Nueva Rumasa fue una operación que se realizó en un momento muy concreto. La crisis financiera ya se había despertado y la económica era ya evidente por la restricción del crédito.

Los bancos centrales desplegaron sus armas de política económica, bajando los tipos de interés a mínimos para fomentar la circulación de dinero en la economía y que los bancos se vieran obligados a prestar dinero para obtener una rentabilidad superior a la que ofrecían los bancos centrales.

Por lo que los inversores obtenían una rentabilidad muy baja por sus ahorros. Este caldo de cultivo fue aprovechado por Nueva Rumasa para ofrecer un producto de inversión con un elevado interés respecto del que había en el mercado. Los pagarés de Nueva Rumasa tenían además otra particularidad, y es que su nominal era de 50.000 euros. Es decir todo inversor que quisiera participar en Nueva Rumasa debía de invertir como mínimo esa cantidad o múltiplos de la misma.

Inversores de Nueva Rumasa

El inversor recibía dos pagarés, uno por el capital invertido y otro por los intereses, descontando la retención correspondiente de IRPF que se aplica en cualquier producto financiero. Para la colocación de pagarés, Nueva Rumasa usó los medios de publicidad tradicionales como prensa y televisión. Dado que al ser una emisión de un producto financiero, debería de haber sido aprobada por la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores). Pero la CNMV no dio su visto bueno y de hecho la mayoría de inversores de pagarés Nueva Rumasa deberían de haber tenido muy en cuenta este hecho.


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